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Zaragoza   jueves, 19 de octubre de 2017
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Historia del Colegio

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VI

Ordinaciones de 1762


    





     

Hay que comenzar destacando que éste es el que podríamos perfectamente definir como el primer reglamento moderno del Colegio. Y es así gracias a un simple dato cuantitativo, ya que de las diecisiete ordenanzas que componen el texto, la tercera parte, en concreto seis, se dedican por entero a cuestiones lindantes con la normativa del procedimiento judicial. Apenas nada de la primigenia cofradía perdura aquí, y sólo alguna aislada mención a cuestiones religiosas. Ausente está también el tema disciplinario, del que únicamente quedan leves huellas en alguno de los capítulos, pero sin que ninguno se dedique plenamente al mismo. En estas ordenanzas se trata el tema arancelario, el otorgamiento de poderes, los bastanteos, o la mecánica que debe regular la expedición y tramitación de los distintos tipos de documentos. Y por supuesto se continúan estableciendo las modalidades y procedimientos que deben regular los ingresos, las reuniones del Colegio, la renovación de cargos, etc. En suma, quien lea las ordenanzas del año 1762 podrá formarse una idea bastante aproximada de lo que es y de cómo funciona hoy en día el Colegio.

Las ordenanzas se inician con el capítulo dedicado a la celebración de las distintas reuniones del Colegio. Estas tienen como vértice el capítulo general dedicado a la renovación de cargos, que pasa a tener fijada la fecha en el segundo domingo del mes de marzo. Se asiste a una variación en la convocatoria, pues mientras que en las ordinaciones de los años 1561 y 1678 se fijaba como fecha el segundo domingo del mes de marzo, julio, o noviembre, y en las de 1620 se concretaba que fuese en el domingo del mes de noviembre, ahora se hablará del segundo domingo del mes de marzo. Desconocemos el motivo de este adelanto, aunque tal vez podemos aventurar que su intención era sincronizar el momento de rendir las cuentas anuales del Colegio con la elección de sus cargos de gobierno. El lugar de reunión sigue siendo el convento de Santo Domingo, de Predicadores según el texto, pero ya no en su refectorio como ocurría antaño, sino en la sala capitular. A las nueve de la mañana estaban convocados todos los colegiados para proceder a la renovación de los cargos del Colegio, a los cuales no se podía renunciar sin sufrir la correspondiente sanción. Además de este capítulo general anual y obligatorio, por vez primera se habilita a los mayordomos para convocar otros capítulos generales de carácter extraordinario.

" (...) y los mayordomos puedan también congregarle, haciendo avisar por cédula mediante el llamador de el Colegio veinte y quatro horas antes, siempre que el caso o necesidad lo pidieren, y asistir los colegiales bajo la misma pena con la propia aplicación".






El capítulo segundo completa lo referente a los asuntos de organización interna del Colegio, al referirse a la celebración de la festividad en honor de Santo Tomás, único vestigio religioso que aún perdura.

" Item, estatuimos y ordenamos que el Colegio, de quien ha sido y es titular y patrón el doctor angélico santo Tomás de Aquino, haya en su víspera y día de celebrar en su propia capilla que tiene en el dicho real convento de Predicadores, la festividad, como de tan antiguo se halla haberlo ejecutado, a dirección y disposición de sus mayordomos."







Tal y como el propio texto apunta, la celebración de la misa en la capilla que el Colegio disfrutaba en el convento de Predicadores, era vieja tradición cuyas raíces se remontan cuando menos al 1396, si no antes, y de una u otra forma se ha visto reflejada en todas las ordenanzas hasta el momento repasadas.

En relación con las distinciones y privilegios en el trato reclamados por los procuradores, decir que por vez primera unas ordenanzas dedican al asunto un apartado completo, con lo que se demuestra la destacada significación que la cuestión logró alcanzar. En realidad, de una u otra manera, el tema venía arrastrándose desde mediados del siglo XVII, hasta que por fin, y en respuesta a la petición elevada por el Colegio para que se permitiese a sus individuos el uso del don en sus escritos, las ordenanzas de 1762 se declaran respetuosas con las prebendas y honores que hubiesen podido ser alcanzadas por los colegiados.

" Item: estatuimos y ordenamos que al Colegio se le observen y guarden todos los privilegios, preheminencias y honores que ha tenido, y tiene y le corresponden como constituido por los Señores Reyes nuestros predecesores, y a cada uno de sus individuos los que también por sus personas tuvieren y debieren gozar."







Los órganos de gobierno del Colegio que aparecen en las ordenanzas son los mayordomos, primero y segundo, el secretario, el tesorero o luminero, y el llamador. A éstos deben añadirse ciertas menciones a los colegiados más antiguos, bien a los dos, bien a los cuatro que se hallasen en esa situación, aunque ya no a los nueve que con anterioridad se mencionaban, como tal órgano eliminado. Desaparecen también los visitadores de la cama del Hospital de nuestra señora de Gracia, a los que hay que añadir aquellos ya ausentes en las anteriores ordinaciones, esto es, el contador, que había sido definitivamente sustituido por el tesorero, el notario, sustituido por el secretario, y el silenciero, figura eliminada.

Los mayordomos mantenían similares funciones a las que venían desempeñando hasta la fecha. Eran quienes presidían las reuniones y capítulos del Colegio, sus actos litúrgicos y sus festividades. Controlaban buena parte del proceso de incorporación de nuevos colegiados, los exámenes a los que éstos eran sometidos, así como el buen comportamiento profesional de los procuradores ejercientes. Nada nuevo que añadir. Otro tanto puede decirse del secretario, quien apenas sufría modificaciones en relación con lo que sobre él se estipulaba en las ordinaciones de 1678. Continúa su ayuda a los mayordomos en asuntos administrativos y burocráticos, tanto internos, véase las reuniones del Colegio, como externos, véase los procesos de admisión de aspirantes. El tesorero o luminero, pues ambos nombres mantiene, seguía siendo el máximo responsable económico, con lo cual era el destinatario de todas las aportaciones crematísticas que por diversos motivos llegaban a las arcas del Colegio. El llamador, responsable de las convocatorias de reunión, es el único cargo al que se le destina un sueldo, aunque como ya sucedía en el texto anterior su cuantía no es detallada. En resumen, poco que añadir a lo dicho hasta el momento, con lo que se mantiene el trípode sobre el cual se asienta el Colegio, a saber, mayordomos, secretario, y tesorero o luminero, reducida la asociación formada por los nueve colegiados más antiguos a los dos colegiados con mayor veteranía, que intervenían en el debate interno sobre la aportación del Colegio a los entierros de sus individuos, o a los cuatro con idéntico mérito, y cuya intervención se enmarcaba en el proceso de ingreso de los nuevos colegiados. Sin embargo, la efectiva dirección del Colegio es bicéfala, aunque se trate de una doble cabeza asimétrica, pues será siempre el mayordomo primero quien ostente el gobierno supremo de la institución.

En 1762 el numerus clausus determinado para el Colegio se fijaba en los dieciocho individuos. Lo sabemos por la súplica de 1742, en donde se nos da cuenta de lo aprobado por el Real Consejo, disposición a la que las ordenanzas de 1762 se remiten.

" Item: estatuimos y ordenamos que el número de procuradores para todos los tribunales y juzgados seculares y eclesiásticos de la referida ciudad de Zaragoza, haya de ser el que tiene dispuesto el nuestro consejo de la Cámara; y aunque haya algún hijo o nieto de colegial, o casado con hija o nieta, hábil e idóneo, con la práctica y cualidades correspondientes, no pueda ser admitido en el Colegio sino en el caso de no estar completo el número, arreglándose literalmente al capítulo que habla sobre admisión y pretendientes."









La mención a hijos o nietos, o a quienes estuviesen casados con hijas o nietas de algún colegiado, supone la aparición en las ordinaciones de la figura de los procuradores supernumerarios, aunque por tal nombre no se les identifique en el texto. Se mantiene la disposición de que éstos sólo puedan entrar en el Colegio una vez se hallen cubiertas el resto de las plazas, en la intención de que su presencia no embarace la de otros potenciales aspirantes carentes de los mencionados vínculos familiares. Medida ya aplicada con anterioridad y que demuestra el interés de la Corona por evitar posibles situaciones de endogamia profesional.

Resuelto en los dieciocho individuos el contencioso establecido en torno al número máximo de procuradores, hay que comentar ciertos detalles del proceso de admisión de éstos, teniendo siempre presente lo ya sabido por ordenanzas anteriores. Tal y como venía sucediendo en dichos textos, en especial en los de 1620 y 1678, el análisis del proceso de admisión es detallado en extremo, si bien y en líneas generales, aporta escasos rasgos diferenciales respecto a lo ya conocido. La novedad más significativa radica sin duda en la desaparición de uno de los requisitos sobre cuya correcta interpretación mayor número de dudas nos ha surgido, y que no es otro que la necesidad de ser notario real para poder ingresar en el Colegio. Disposición que desaparece por completo de las ordenanzas, ya que la única mención al tema de los requisitos se refiere a las facilidades dadas a aquellos aspirantes que estuviesen en posesión de alguna graduación académica.

" Item: estatuimos y ordenamos que el que haya de ser admitido en el Colegio deba ser perfecto gramático, haciéndolo constar... Y si sucediese que alguno de dichos practicantes estuviese graduado de Bachiller en Leyes, o con la práctica de haber concurrido al estudio de algún abogado, en este caso queremos se le admita este ejercicio para el cumplimiento de los ocho años. "







El tiempo de practicas en casa de un procurador se había visto considerablemente aumentado, al doblarse los cuatro años fijados por las anteriores ordenanzas hasta los ocho de las presentes. Así mismo, se da cuenta de un curioso detalle en relación con esto, al determinarse que dichas prácticas podían hacerse en horario diurno, de lo que se deduce que durante cierto tiempo fue costumbre u obligación no escrita que los aspirantes cumpliesen sus prácticas durante la noche.

" Item: estatuimos y ordenamos que el que haya de ser admitido en el Colegio deba ser perfecto gramático, haciéndolo constar, asistiendo ocho años en casa de un procurador colegial para la práctica, no precisándose a que lo ejecute por la noche, sino en la conformidad y como sucede en la práctica de abogados, acudiendo sólo a las horas correspondientes, contándose dichos ocho años desde el día en que asistido el pretendiente del secretario del Colegio se presente al mayordomo, expresando que desde él la comienza, de que pondrá aquel la nota correspondiente en el libro de gestis de el capítulo. "









Las prácticas se complementaban con la asistencia a una Academia, presidida por un procurador, a la que los aspirantes debían acudir un día a la semana para recibir la adecuada formación teórica. Si bien el texto no menciona de forma expresa a la Academia Jurídico-Práctica debemos considerar que se refiere a ésta, pues su existencia en esos años se atestigua por otros documentos que obran en el archivo. No obstante la redacción del capítulo deja espacio a una cierta duda.

" Formándose como mandamos se forme una Academia, presidida de uno de los procuradores, el que si no asistiese sea multado irremisiblemente en veinte escudos por cada vez, aplicados la mitad para nuestras penas de Cámara, a cuya Academia hayan de concurrir todos los practicantes, confiriendo sobre los autores prácticos los casos de pleitos, congregándose un día cada semana, sin cuyas circunstancias no pueda ninguno ser admitido al examen, debiendo además llevar certificación jurada del colegial de haber cumplido exactamente con la práctica (...) "









La expresión "formándose" puede querer indicar una reordenación o reforma de la antigua Academia Jurídico-Práctica, o tal vez pudo suceder que dicha Academia hubiese permanecido inactiva durante los años precedentes, lo que de alguna forma motivó una especie de refundición de la misma. Un dato que puede ayudarnos en la correcta interpretación del asunto es el estrecho vínculo establecido históricamente entre la Academia y los nueve colegiados más antiguos, ya que incluso el primer libro de actas de ésta se titulaba Libro de actas de los nueve examinadores. Si ahora hemos visto cómo en las presentes ordinaciones desaparecía la mención a los nueve colegiados más antiguos, o lo que es lo mismo, a tales nueve examinadores, tal vez pueda ello relacionarse con un posible periodo en el que la Academia hubiera desaparecido, o en el que su actividad hubiera sido mínima. En caso de que así fuese, queda claro que la misma recuperó tono en el último tramo del XVIII, y de ella volveremos a tener noticias durante toda la primera mitad del siglo XIX.


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