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Zaragoza   jueves, 19 de octubre de 2017
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Historia del Colegio

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VI

Las Ordinaciones del año 1678


    





     

Comenzaremos hablando del régimen de organización interna, el cual sigue teniendo como eje axial la celebración de los distintos capítulos generales en los que se tratan y debaten las cuestiones fundamentales que afectan al Colegio y a sus individuos. Siguiendo la tradicional disposición temporal de los mismos, los capítulos generales serán tres y estarán repartidos de forma uniforme a lo largo del año.

"... en uno de los Capítulos generales que dicho Colegio debe y acostumbra celebrar en cada un año, en los segundos domingos de marzo, julio, y noviembre por la mañana, en la sala capitular que tiene para este fin en el monasterio de Predicadores de esta ciudad ..."






Pero en el nuevo texto no se establece distinción alguna entre uno y otro capítulo, tal y como sí sucedía en las ordinaciones del 1620 al destacarse el capítulo del segundo domingo de noviembre como el momento en el que se procedía a la renovación anual de cargos. Ante la omisión que ahora descubrimos debemos suponer que no hubo modificación sobre lo anterior y que siguió siendo en el último capítulo del año cuando se renovaban los cargos de gobierno del Colegio.

En cuanto a cuales eran dichos cargos, las presentes ordinaciones hacen mención de los mayordomos, con la consabida distinción en función de su antigüedad en el Colegio, y que ahora y por vez primera se acogen a la fórmula de mayordomo primero y mayordomo segundo, equivalente sin duda a la gradación que tradicionalmente distinguía a uno de otro mediante el llamado al mayordomo más antiguo.

"... se juntarán dichos nueve colegiales más antiguos en casa del mayordomo primero, sino es en caso que alguno de los otros nueve o el mayordomo segundo fuere Jurado de esta ciudad ..."





Fuera de esta diferenciación poco más podemos añadir sobre las atribuciones de los mayordomos que represente novedad. Intervienen de forma destacada en los procesos de admisión de nuevos colegiados, certificando el inicio de sus prácticas y presentándolos ante los órganos habilitados para tomarles juramento, y mantienen como era de esperar alta capacidad sancionadora, que puede suponer en determinados casos la expulsión del infractor.

Desaparece de las ordinaciones la mención a los consejeros, que pasan a ser sustituidos por los nueve colegiales más antiguos, tal y como veíamos en el texto de 1561. En realidad más que ante la desaparición de ese órgano asesor, precursor de la actual Junta de Gobierno, debemos considerar que asistimos a un simple cambio en su denominación. Perviven en su función los visitadores de la cama que el Colegio tenía a su cuidado en el hospital de nuestra señora de Gracia, así como el llamador, si bien de los primeros no hay más noticia que la mera mención, mientras que del segundo sólo puede decirse que estaba en el derecho de recibir treinta y dos sueldos de quien quisiera ingresar en el Colegio sin ser hijo o nieto, o estar casado con hija o nieta de colegial. A estas aportaciones que de forma esporádica recibía el llamador, hay que añadir el sueldo inherente al cargo, cuya cuantía las ordinaciones no especifican. En cuanto a sus obligaciones, se habla del aviso al resto de colegiados de las reuniones y actos que tuviesen lugar en el Colegio. Ya como simple curiosidad decir que tanto se le denomina con el nombre de llamador como mediante la mención a un ministro que llame y avise. En cualquier caso, la escasez de los datos es notoria, tal y como ocurrirá con el resto de los puestos. Tan es así que algunos cargos simplemente desaparecerán de las ordinaciones, caso del contador, del notario, y del silenciero. Nada podemos matizar sobre este último, pero en cuanto al contador y al notario hace referencia, es bueno recordar que ya en las anteriores ordinaciones veíamos como el primero iba cediendo paulatinamente sus funciones al luminero, mientras que el notario daba paso al secretario.

El luminero, antes contador y después tesorero, será el encargado del gobierno económico del Colegio, motivo por el cual se explican sus frecuentes apariciones a lo largo de las ordinaciones de 1678. Fuera de las menciones meramente enumerativas y no dotadas de elementos informativos sobre el cargo, el texto nos muestra al luminero habilitado para el cobro de ciertos derechos, caso de la recepción de la cuota de ingreso de los nuevos colegiados, así como para recibir a título particular ciertos bienes en calidad de propina.

" Y que ultra de esto, tenga la obligación de dar el día de su admisión en el Colegio tres libras de conservas a cada colegial, y el día del examen otras tres a cada uno de dichos examinadores, mayordomos, luminero y secretario."






Además de este curioso regalo o comisión, legitimado en el propio texto estatutario, el luminero seguía desempeñando su antigua misión de recaudador de fondos para las arcas del Colegio, bien mediante el cobro de las penas, bien mediante el de las cuotas de los colegiados. Medida ésta que nos deja entrever las dificultades en que se hallaba la hacienda del Colegio, quien por primera vez sentía la necesidad de recurrir al establecimiento de unas cuotas que periódicamente debían satisfacer sus individuos.

" Item, para el cumplimiento de los cargos y obligaciones expresadas en dicha ordinación séptima, y porque puede suceder que en muchos años, estando el número de los colegiales completo no hubiese entradas, estatuimos y ordenamos que cada uno de los colegiales que hubiere en dicho Colegio, haya de pagar y pague en cada uno de los capítulos generales que en cada un año se han de tener en los meses de marzo, julio y noviembre, ocho sueldos jaqueses, los cuales, y las penas de los colegiales y los ingresos de ellos, su cobranza haya de correr y corra por cuenta y cargo de dicho luminero, con obligación de dar cuenta dentro del tiempo dispuesto por dicho colegio. Y en caso que dicho luminero no diese cuenta dentro de dicho tiempo no habiendo legítimo impedimento para ello, pueda ser económicamente multado por dicho Colegio."














Pero junto a éstas sus atribuciones principales, el luminero ocupa también un lugar privilegiado en otras facetas de la organización del Colegio no directamente vinculadas con la parcela económica. Además de intervenir en el proceso de ingreso de los nuevos colegiados, lo hará también en otro momento y en otra coyuntura mucho más importante y novedosa, cual es la formalización de oficio de la denuncia contra quienes hiciesen uso del pacto de cuota litis o de otras acciones irregulares de similar fortuna.


" Y que para la instancia sea parte legítima, y deba hacerlo de oficio el luminero que es o por tiempo será de dicho Colegio ... "





Vemos como el luminero, futuro tesorero, ha ido ganando peso específico con el correr de los años, lo que demuestra el crecimiento y la complejidad cada vez mayor que la cuestión hacendística cobra en el Colegio, y que no es sino fiel reflejo del crecimiento y prosperidad de éste. Pero si esto ocurre en lo económico otro tanto sucederá en lo administrativo. Desalojado el notario, será el secretario quien pasará a encargarse del control administrativo del Colegio. El puesto cobra autoridad e importancia en relación con las pasadas ordinaciones, las cuales le conferían menguadas responsabilidades. Ahora es distinto, ya que por vez primera podemos hablar del secretario como uno de los cargos más relevantes en el gobierno del Colegio. Las principales atribuciones recogidas en el texto de 1678 se materializan durante el proceso de ingreso de los nuevos colegiados. Antes ya había sido el encargado de levantar acta del inicio de las prácticas, las cuales debían durar al menos cuatro años, con lo que se estaba obligado a testimoniar la exacta datación de su comienzo.

" Item, por cuanto de muchos años a esta parte, para asegurar el entero cumplimiento de los cuatro años de práctica, se ha observado que el escribiente que entraba a practicar en casa de colegial de este Colegio se presentase aquel ante el mayordomo y de ello hiciera acto el secretario, y que la práctica no se contase sino es desde el día de la presentación, en lo cual se ha hallado conocida conveniencia."









En el transcurso de los actos que se desarrollaban durante el ingreso del aspirante, el secretario será el encargado de oficiar como maestro de ceremonias. Se inicia su labor con la lectura del expediente del aspirante ante los colegiados reunidos en capítulo, requisito previo a la votación. Caso de resultar ésta favorable, y en una nueva reunión, leerá la prueba o documento que testifique el cumplimiento de los cuatro años de prácticas, de cuyo inicio el mismo había en su día levantado acta. Una vez admitido el pretendiente por el Colegio, el secretario acompañará a los mayordomos ante los órganos competentes para otorgar el definitivo refrendo a dicha incorporación.

" Y el día inmediato, no habiendo impedimento, deben presentarlo con los mayordomos y demás que pareciere de dicho Colegio y con el secretario de él, al regente de la real Chancillería, si presidiere en la real Audiencia ... "







Se destaca así la labor del secretario como complemento y ayuda de los mayordomos en cuestiones administrativas y de procedimiento interno, liberado ya de otras tareas menores a las con anterioridad debía cuidados. Era el secretario el tercer apoyo en cual se sustentaba el Colegio, siendo el segundo el luminero, reservada la primacía para el doble pilar que conformaban ambos mayordomos. Situación ésta a la que no podemos negar amplio parecido con la que actualmente disfrutamos.


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