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Zaragoza   jueves, 29 de junio de 2017
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Historia del Colegio

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VI

Actas de la academia juridico-practica


    





     

Escasos datos poseemos sobre la historia del Colegio durante los siglos XV y XVI. A decir verdad, tan solo contamos para evitar un total desconocimiento con las copias de las actas de algunos capítulos celebrados en fechas tan aisladas entre sí como son las de 1433, 1480, 1487, 1488, y 1498. A ello hay que sumar la ya mencionada súplica del Colegio a Felipe V, que aporta de nuevo sustanciales datos a nuestro estudio. En este documento se atestigua la permanencia del Colegio durante ese siglo y el siguiente, y se ofrece una nómina con los nombres de los procuradores más relevantes, caso de Sancho Fernández de Liori, cuya autoridad ante los tribunales atestigua el jurisperito Miguel del Molino en el año 1428; Miguel Ferrer, autor del Método judiciario (1553); Pedro Molino y su Práctica judiciaria (1575); Diego Buil, autor del Tratado y método para los Tribunales Eclesiásticos (1579); Bernardo Monsotiu y Calvo, responsable de la ordenación alfabética de los Fueros, observancias y decisiones del tribunal (1585); mientras que de otros tan sólo nos quedan sus nombres en justa atención a su buen hacer profesional, caso de Andrés Lorén, o Pérez de Nueros. Mención especial merece el primer libro de actas conservado, que contiene las deliberaciones del capítulo colegial entre los años 1527 al 1581, ambos inclusive, y gracias al cual podemos seguir la historia del Colegio durante el siglo XVI.

Pero el instante cenital para los procuradores zaragozanos durante ese siglo se produce el veintidós de julio de 1561, cuando el rey Felipe II aprueba las ordenanzas redactadas por el Colegio con fecha de treinta de noviembre de 1560 y a las que había dado fe Sebastián Molés, notario del número de Zaragoza. Con anterioridad a todo ello el Colegio había realizado una primera recopilación el seis de abril de 1547, "... mediante acto testificado por Pedro Navarro, notario causídico de esta ciudad, y notario y colegial de este Colegio ...". Entre la documentación del archivo queda un testimonio sino directo sí cercano al acontecimiento, aunque por tratarse de una copia en muy mal estado es escasa la información que puede suministrarnos. No obstante, nos documenta y reafirma los datos anteriores, a los que añade los del notario que testificó la definitiva asunción de las ordinaciones, Miguel Español, menor, notario público y del número de Zaragoza, el lugar en el que se celebró el acto, las Casas del Puente, y su fecha, el cinco de noviembre de 1561. Todo ello, no lo olvidemos, tras la superación del largo y prolijo proceso iniciado con la redacción de las ordinaciones por parte del Colegio, la consabida validación notarial de mano de Sebastián Molés, y el estudio y aprobación definitivos por parte real.

Más documentación nos ha llegado originaria de la primera mitad del siglo XVII, si bien no deja de ser una pequeña muestra de la que debió generarse en el Colegio. El principal documento en el que detendremos nuestro examen son las ordinaciones del año 1620, que en realidad no son sino una recopilación de las anteriores del 1561, tal y como se apunta en su texto introductorio.

"... y porque con el discurso del tiempo que ha pasado desde entonces acá, y haber en él hecho en este Colegio algunas ordinaciones y deliberaciones en parte corrigiendo o añadiendo a las ya hechas. En el último capítulo que este Colegio tuvo a diez y siete días del mes de noviembre del año próximo pasado de mil seiscientos diez y nueve, se deliberó en él que se hiciese nueva recopilación de las dichas ordinaciones, resacando y quitando las abolidas por uso contrario, y entresacando y corrigiendo las que realmente hoy tenemos y se guardan, lo cual se remitió a algunos colegiales, los cuales con el cuidado y diligencia que les ha sido posible lo han hecho y reducido a este presente volumen".











Constan de una tabla a manera de índice en la que se consignan los títulos de las ordinaciones, seguida de un texto introductorio en el que se explica la necesidad de proceder a la recopilación así como el proceso llevado a cabo para ello, y el texto de
las ordinaciones propiamente dichas, dividido en un total de treinta y dos apartados. Concluyen con el testimonio y fe de validez del correspondiente notario, Martín de Lierta, notario público al tiempo que secretario y por tanto miembro del Colegio. Mas antes de sumergirnos en el análisis de estas normas debemos reseñar que las mismas nunca tuvieron superior aprobación, ya que se trató de una recopilación para la que no era preceptiva la venia real, al no existir revocación ni derogación de las ordinaciones anteriores, que siguieron conservando su valía y preeminencia en caso de un hipotético conflicto entre ambos textos. Se explica así que esta recopilación no aparezca mencionada en la súplica de 1742, documento que sólo contempla las ordinaciones confirmadas mediante aprobación real, caso de las ya reseñadas de los años 1396 y 1561.

Las ordinaciones que vamos a estudiar fueron dadas por el Colegio en su capítulo de ocho de marzo de 1620, "Y así llamado, convocado y ajuntado en la sala del refectorio viejo que está en el dicho monasterio donde otras veces y para tales y semejantes actos, cosas y negocios se acostumbra juntar". Se mantiene como sede colegial el convento de Predicadores, y se concreta que era en su refectorio donde los colegiados celebraban las reuniones del capítulo. Dicho refectorio era y es, pues todavía permanece en pie "un gran salón de planta rectangular, que queda dividido en dos naves por cuatro pilares cilíndricos, con cinco tramos en cada nave, abovedados con crucería sencilla. El aspecto general es de gran sobriedad constructiva y recuerda dependencias cistercienses. Va iluminado por ventanas en arco apuntado, y sobre ellas grandes óculos." Ejercían de mayordomos Juan Luis Pérez, y Pedro Gerónimo Guindeo, y la nómina de procuradores colegiados se nutría con los siguientes nombres: Pedro Gerónimo Pasamar, Gerónimo Mipanas, Andrés Izquierdo, Diego Pilares, Juan Domingo Navarro, Martín Blasco, Antonio Mateo de Latasa, Braulio Gil, Juan Jaime Lupercio Alcayne, Gerónimo Abadía, Juan Domingo Serbeto, Martín Juan Porquet, Juan Palomech, Martín Juan de Viu, Pedro Gerónimo Arquer, Agustín Juan Iborra, Miguel Ciprés, Jaime Sanz, Hernándo Sánchez, Marco Casis, Pedro Tormón, Miguel Agustín Salazar, Pedro Gerónimo de Torres, Francisco Luis Tasalles, Antonio Ximénez de Bagüés, Matías de la Rosada, Gerónimo Peramán, Juan de Mendía, Lorenzo Calvo, Gerónimo de Naya, Juan Francisco de Pueyo, Cristóbal Delgado y Toledo, Juan Miguel Nadal, y Miguel Gerónimo de Ríos. A estos hay que añadir los nombres de Pedro Cachias, llamador, y Martín de Lierta, notario, con lo cual alcanzamos un total de treinta y ocho procuradores presentes en el acto, lo cual concordaría con que el hecho de que fuesen cuarenta los componentes del Colegio, quedando las dos plazas restantes presumiblemente vacantes por la ausencia de sus titulares.

Lo primero que debemos destacar de estas ordinaciones es que el peso del componente religioso desciende de forma acusada en relación con las primeras normas del año 1396. Ya no se habla apenas de la cofradía y sí del Colegio, lo cual viene a significar que la realidad del Colegio como asociación de carácter técnico adquiere una impronta lo suficientemente destacada como para alcanzar la posición preponderante en el binomio colegio profesional-cofradía religiosa. Así lo comprobaremos al descender al pormenorizado análisis del articulado, del que apenas una cuarta parte de sus disposiciones hacen referencia a cuestiones relacionadas con la práctica religiosa, disposiciones que aparecen condensadas en la parte inicial del texto, en concreto en las nueve primera ordinaciones, formando así un bloque homogéneo y en cierta medida estanco que deslinda esta parte del grueso del texto.


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