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Zaragoza   jueves, 29 de junio de 2017
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Historia del Colegio

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VI

Detalle de las Ordinaciones de 1396


    





     

A los cargos arriba mencionados, es decir, mayordomos, consejeros, y contadores o almosneros, debe añadirse la figura del nuncio o llamador, también denominado corredor en el capítulo vigésimo noveno, encargado de convocar las reuniones y de informar sobre cualquier otro asunto que resultase de interés para los colegiados.

Capítulo del clamador

" Item ordenaron que el clamador, si quiere nuncio de la dicha cofradía, haya de salario cada un año xv sueldos, y si llamara a difunto haya doce dineros, empero aquellos pague el difunto o sus parientes, y el día del convivió su ración de pan, vino y carne, a conocimiento de los mayordomos."

Los mayordomos ostentaban la preeminencia jerárquica del Colegio, y el resto de los cofrades debían obedecer sus decisiones bajo pena del pago de seis dineros en caso contrario, tal y como establece el capítulo octavo. Pero su poder no era omnímodo, y las ordinaciones lo aclaran de forma rotunda en su capítulo decimoséptimo, titulado Capítulo que los mayordomos no pueden hacer res sin los consejeros.

" Item ordenaron que cualquier cosa que en la dicha cofradía los dichos mayordomos que son o por tiempo serán, habrán hacer aquello que hagan con consejo de los consejeros de la dicha cofradía, y no sin ellos. Y si el contrario los dichos mayordomos harán, paguen de pena cada uno cinco sueldos."

Se eleva así una barrera que constriñe el poder de decisión de los mayordomos, quienes debían tener en consideración los dictámenes emitidos por los consejeros, cargo de duración anual como nos lo sugiere su explícita denominación de consejeros del año con la que aparecen mencionados en el capítulo quinto. De esta forma se establecía en la práctica una especie de consejo, o junta de gobierno según la terminología que ganará con el transcurrir de los años, y que haciendo honor a su futuro nombre será el órgano que gobierne al Colegio. Es esta de los consejeros una cuestión de gran importancia, ya que además de facilitarnos la acertada comprensión del devenir histórico de la institución, nos muestra que la actual composición del Colegio, a las puertas del siglo XXI, halla su justa equivalencia en las primitivas formas de organización de una cofradía religiosa fundada a finales del XIV.

Retomando el tema que veníamos tratando, añadir que el control sobre los mayordomos se ejercía no sólo por la vía de la toma de decisiones, sino también por la económica, ya que una vez transcurridos quince días desde la comida anual, convivió según el texto, era llegado el momento de fiscalizar las cuentas del año anterior, para lo cual los mayordomos debían reunirse con los contadores, cargo este último equiparable al actual tesorero.

Capítulo del dar del contó

" Item ordenaron que los mayordomos que son o por tiempo serán de la dicha cofradía sean tenidos dar contó a los contadores dentro de quince días después del convivió."

Vemos así como aparecen perfectamente regulados tanto el momento en que debía procederse a la elección de cargos como a dar cuenta de las economías del Colegio, sin lugar a dudas los dos actos principales en el funcionamiento interno de la institución. Pero la reglamentación se extiende mucho más allá e inunda terrenos de índole puramente formalista o de procedimiento, caso de cómo debía intervenirse en las reuniones, a lo que está dedicado el capítulo séptimo.

Capítulo de los que hablaran posados y aquellos que turban a los que hablen

" Item ordenaron que cuando los dichos cofrades serán llamados a capítulo, sean tenidos todos escuchar al cofrade que querrá hablar siendo levantado en pie, y aquel que lo turbara pague de pena dos dineros. Y si algún cofrade se razonara no siendo levantado en pie, pague de pena otros dos dineros."

De igual modo se deseaba evitar que el lugar ocupado en la mesa durante las comidas fuese causa de disputa, y a su regulación se dedican nada menos que dos capítulos, el vigésimo tercero y el vigésimo sexto, o se cuidaba de la uniformidad en el vestir en caso de la defunción de un cofrade o de su esposa.

Capítulo de como los cofrades deben llevar gramayas negrascon los capirotes a la defunción del cofrade y de la cofradesa

" Item ordenaron que cada y cuando algún cofrade finara, que los cofrades de la dicha cofradía sean tenidos intervenir en su defunción con gramayas negras, y con los capirotes vestidos, así mismo a las cofradesas * pena de seis dineros para el común de la dicha cofradía. Y así pague la pena por no vestir el capirote como por no llevar gramaya, y por cada una de las dichas cosas."

Otro apartado importante es el del acceso de nuevos colegiados y la regulación de su número. Tres son los capítulos dedicados a lo primero mientras que ninguno se ocupa de lo segundo, posiblemente por el hecho de que al hallarse establecido el sistema de numerus clausus ya no era necesaria ninguna otra regulación al respecto. Sabemos no obstante que el Colegio se componía de cuarenta miembros, si bien con el correr de los años se fijará como límite los dieciocho, los veinticinco o los treinta colegiados, todo ello según las circunstancias y compromisos de cada época. En cuanto a la entrada de nuevos individuos, el capítulo decimoquinto fija en veinte sueldos la cantidad que debía satisfacer cualquier notario real que quisiera acceder a la cofradía, los cuales debería pagar él o el cofrade que lo hubiera presentado en capítulo en un plazo máximo de quince días a contar desde su efectiva incorporación al Colegio. La mención al notario real no aclara por sí misma si el estar en posesión de tal título era requisito indispensable para acceder a la colegiación. Sólo al establecer una comparación entre estas ordinaciones y las que la seguirán en el tiempo podemos responder a ese interrogante, aunque nunca de manera concluyente. Regresando al texto de 1396, ambiguo resulta el capítulo decimosexto, que establece el pago de cincuenta sueldos a aquel que quisiera ingresar estando en el hábito la muerte, y al que tal vez deba aplicársele una interpretación en clave religiosa impuesta por la inseparable reunión establecida entre Colegio y cofradía. De gran interés es el vigésimo, en el que se detalla el procedimiento que debe seguirse para la entrada de nuevos miembros.

Ordinación cómo sea nombrado en capítulo quien querrá entrar cofrade

" Item ordenaron que si algún notario real querrá entrar en la cofradía, que sea primero nombrado y denunciado a los mayordomos, y los mayordomos sean tenidos nombrar y reportar aquel en capítulo antes que sea recibido. Y si el capítulo habrá aquel por suficiente, fije en capítulo observar las ordinaciones presentes, y tener y cumplir aquellas y cualesquiera otras que el dicho capítulo hará a reverencia de Nuestro Señor Jesucristo y a honor del santo, y a provecho de los cofrades y de sus ánimas, salva siempre la fidelidad del Señor Rey y de sus *."

Aparecen en este capítulo perfectamente reglamentados los pasos que procedían para el ingreso en el Colegio. Debía darse aviso a los mayordomos, quienes a su vez informaban al capítulo. Reunido el mismo examinaba el caso, y si el aspirante era considerado apto juraba obediencia a las ordinaciones del Colegio, tras lo cual pasaba a formar parte de él como miembro de pleno derecho. Nada se dice sobre los requisitos exigidos al aspirante, pero si nos guiamos por los que se establecerán siglos más tarde habrá que apuntar la suficiencia en cuestiones de índole profesional, la pertenencia a una clase social determinada, la posesión de bienes, la falta de antecedentes que pudieran enturbiar su buen nombre durante el ejercicio de la profesión, etc.


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