Logotipo del Colegio de Procuradores de Zaragoza
Zaragoza   jueves, 29 de junio de 2017
Seccion saludos del Decano
Saludo del Decano
Seccion Actualidad
Enlaces de Interés
Noticias
Noticias
Seccion el Colegio
Estatutos
Código Deontológico
Historia
Juntas Generales
Mapa de las Sedes
Memoria Anual
Organigrama
Registro de Sociedades Profesionales
Servidor del Colegio
VI Centenario
Seccion del Procurador
Consejo General Procuradores de España
Consejo General de Colegios de Procuradores de Aragón
Descripcion
Historia del Procurador
Listado de Procuradores de Zaragoza
Ventanilla Única
Seccion Mapa de la Web
Contacto
Mapa de la Web
    

Historia del Colegio

I
1 2 3
II
1 2 3
III
1 2 3
IV
1 2 3
V
1 2 3
VI

Detalle de las Ordinaciones de 1396


    





     

El 20 de agosto del año 1396 tuvo lugar un acto de gran importancia para la historia de la procuraduría española; en el convento de Predicadores, sito en la zaragozana plaza de Santo Domingo, se reunieron los procuradores causídicos de esa ciudad para agruparse en una cofradía que inmediatamente quedó bajo la protección de santo Tomás de Aquino, doctor de la Iglesia. A dos reflexiones invita esta noticia. La primera, y por cuanto respecta a la denominación de los nuevos cofrades como "procuradores causídicos", lo que desde un principio revela bien a las claras la imbricación de éstos en la disciplina procesal, decir que si es procurador aquel que procura por los asuntos de un tercero al asumir su representación, el adjetivo causídico, del latín causídicas, remite esa representación a las causas o pleitos que tengan lugar ante los tribunales de justicia. Por tanto, el procurador causídico es aquel que ejerce la representación procesal ante órganos judiciales. En segundo lugar, y en cuanto se refiere a la elección de una cofradía como fórmula bajo la cual establecer la recién nacida asociación, baste recordar lo apuntado en el capítulo anterior sobre el rol jugado por la religión como columna vertebral de la sociedad medieval. Por tal motivo, era lógico que dicha sociedad se organizase y estableciese sus vínculos internos al amparo de las instituciones y fórmulas emanadas de la Iglesia. Tan es así que, como veremos al estudiar las primeras ordinaciones del Colegio, la mayoría de los apartados de estas ordenanzas están dedicados a cuestiones de índole religiosa, quedando escaso margen para temas estrictamente profesionales y aún menor para materias de carácter legal.

Por lo que respecta al edificio, que sirvió como lugar fundacional y sede del Colegio desde el siglo XIV hasta el XIX, decir que aparece en la documentación de la época bajo la mención de convento de Predicadores, aunque con el paso del tiempo fue cobrando mayor fuerza la de Santo Domingo, por pertenecer sus fundadores a la orden de los dominicos, es decir, de santo Domingo. Su construcción se había iniciado durante la primera mitad del siglo XIII sobre la primitiva ermita de Nuestra Señora del Olivar, ubicada en la parte exterior de la muralla que circundaba Zaragoza, entre ésta y el palacio de la Aljafería. Con la expansión de la ciudad, el edificio conventual quedó inserto en la parte baja de la plaza del Mercado, en el populoso barrio de San Pablo, a espaldas del Ebro y muy próximo a la puerta de Sancho, hasta la que se extendía bordeando el río gracias a un terreno de huerta anejo al conjunto monumental.

Los procuradores, al igual que el convento en el cual tenían su sede, se habían integrado en el entramado vital de la ciudad y formaban una activa clase profesional desde mucho antes de la creación del Colegio. Sin embargo, no es fácil establecer la fecha de aparición de la figura del procurador en nuestro territorio, al menos la del procurador al que aquí hacemos referencia. Es preciso señalar la existencia de una variada tipología de procuradores, caso del procurador real, de la Iglesia, de ciertas órdenes religiosas, o los procuradores de la Sal. Todos ellos actuaron en Aragón durante la Edad Media, cada cual en el ámbito al que su particular denominación hace referencia. En cuanto a la ciudad de Zaragoza, debe destacarse por su importancia al denominado procurador de ciudad, "representante de la misma en todas las cuestiones judiciales, civiles o criminales, en las que ésta debiese intervenir como parte demandante o demandada." Su primera reglamentación data del 1311, y la elección del mismo recaía en un notario que fuese buen causídicas, es decir, conocedor de la disciplina procesal. Pero no es del procurador de la ciudad de donde surge el Colegio, sino de aquellos procuradores dedicados a la representación de carácter privado, alejados por tanto de la cosa pública. Sin embargo, no hemos hallado una mención a estos últimos con anterioridad a la fecha de fundación del Colegio. Sí unos pocos años más tarde, en el 1414, con el denominado procurador de pobres, elegido de entre el conjunto de los procuradores zaragozanos para representar a quién tras solicitar sus servicios demostrase carecer de los medios económicos suficientes para remunerarle por su labor.

Centrémonos por tanto en el año 1396, fecha clave para el reino tras la muerte sin sucesión del rey Juan I, el 19 de mayo, trono que será ocupado por Martín I (1356-1410), quien pasará a la posteridad con el sobrenombre de el Humano. Los procuradores de Zaragoza deciden erigirse en Colegio impulsados fundamentalmente por dos ideas: la primera, la conciencia de pertenecer a una clase profesional específica y regulada por un cuerpo de experiencias y de técnicas procesales bien diferenciado; la segunda, la necesidad de defender sus derechos y de mejorar su estatus tanto a nivel personal como profesional. Ambas nociones pueden englobarse bajo el concepto de profesionalización, motivado en gran parte por el asentamiento de la procura como oficio autónomo que tuvo lugar a lo largo del siglo XIII. Y si bien debemos suponer que el sentimiento de pertenencia a una determinada clase no sería exclusivo de los procuradores zaragozanos, sí podemos afirmar que dicha idea tuvo en éstos el suficiente calado como para verse plasmada en una realización práctica cual es la creación de un Colegio profesional, algo en lo que fueron pioneros.

"... en el 20 de agosto del año 1396 erigieron su Colegio y Cofradía en el Real Convento de Predicadores de aquella ciudad, con la invocación y protección del doctor angélico Santo Tomás de Aquino, formando sus ordenanzas, y por sus mayordomos a don Nicolás Marqués, y don Miguel Pérez de Navasa, acordando las circunstancias que en los colegiales causídicos debieran concurrir de naturaleza y literatura, y las funciones y obras pías en que ejercitarse."







Las primeras ordenanzas, ordinaciones en la época, se dan al tiempo que se fundan Colegio y cofradía y se elige a los primeros decanos, denominados mayordomos en atención a ser los primeros entre el resto de cofrades. No podemos asegurar que existiese preeminencia en el cargo entre Nicolás Marqués y Miguel Pérez de Navasa, pero teniendo en cuenta el posterior devenir histórico del mismo, con la diferenciación de primer y segundo mayordomo, sí puede aventurarse que uno de ellos, posiblemente Nicolás Marqués, fuese el máximo representante del recién creado Colegio ejerciendo de hecho como su primer decano. En cualquier caso es cuestión menor. No lo es sin embargo la no existencia entre la documentación del archivo de aquellas primeras ordinaciones, aunque por fortuna hemos podido descubrir una copia de las mismas, si bien incompleta al faltarle la primera hoja, y cuya datación aproximada podemos situar a comienzos del siglo XVI. Divididas en treinta y siete capítulos, hoy diríamos artículos, de los cuales falta el primero y la parte inicial del segundo, su temática se halla predominantemente enlazada con la práctica religiosa, como apuntan los títulos dados a algunos de los capítulos: Capítulo de la pitanza de los frailes, Capítulo de la misa de réquiem y cómo se han de leer las ordinaciones este día, Ordinación de los que no serán a misa, capítulo y difuntos, etc. Tan es así que los cofrades debían procurar no sólo por el mantenimiento de la cofradía, sino también por el de los frailes que habitaban el convento de Predicadores, sede colegial, como lo demuestra el capítulo cuarto, dedicado a la pitanza o comida que debía dárseles a aquellos.

Capítulo de la pitanza de los frailes

" Item ordenaron que los mayordomos que son o por tiempo serán de esta dicha cofradía sean tenidos dar de pitanza a los frailes del dicho orden medio carnero y dos ampollas de vino, y si los dichos cofrades no * sean tenidos dar a los frailes cinco * de pitanza."

Un recorrido global por el texto normativo nos muestra que la mayoría de los capítulos tratan de lo que podríamos denominar cuestiones de organización interna. Así aparece formalizada la práctica de las reuniones o capítulos, de entre las que destaca la reunión anual en la que debían elegirse los diversos cargos. El capítulo segundo, incompleto, habla de la celebración de una misa cantada en honor a santo Tomás de Aquino, a la sazón patrono del Colegio, acto litúrgico que posiblemente tendría lugar con motivo de la festividad de dicho santo. El capítulo tercero establece que otro día, y tras una comida, debían reunirse todos los cofrades ante el altar de santo Tomás para cantarle un responso. Por el capítulo quinto, titulado Capítulo de la misa de réquiem y cómo se han de leer las ordinaciones este día, sabemos que al siguiente día, y tras una misa de réquiem en recuerdo de los difuntos, debía llamarse a capítulo general para proceder a la elección anual de cargos.

"... sean tenidos todos los dichos cofrades llamarse a capítulo general, en el cual capítulo ante todas cosas sean las presentes ordinaciones, y aquellas leídas, los mayordomos que son o por tiempo serán de la dicha cofradía, reunidos con los consejeros del año, llamen de los cofrades aquellos que visto les será, y aquellos mayordomos, consejeros, contadores o almosnero que al año siguiente sirvan la dicha cofradía ..."

De estas breves impresiones del quehacer diario obtenemos ciertos datos fundamentales para la historia del Colegio. La designación de los cargos no se efectuaba de manera asamblearia sino mediante su elección por parte de mayordomos y consejeros, conformándose de facto un restringido grupo dotado del poder de decisión sobre tal materia, lo cual se corresponde con el carácter mayoritariamente inmovilista de los círculos que detentaban los mecanismos de control en la sociedad medieval. La periodicidad de los puestos era anual, sin que se pueda afirmar o desmentir la posibilidad de reelección. Unido a ello, hay que destacar la aparición del concepto de capítulo general, equivalente a la actual Junta General, y al que debían acudir todos los cofrades para resolver juntos los asuntos del común. La celebración de tal capítulo no dejará de producirse de forma irremediable desde entonces hasta acá, siendo el bastidor sobre el cual se hilvanará la centenaria historia del Colegio.

.....ir al siguiente capitulo

Subir arriba subir arriba

     

Barra Inferior Correo de Contacto, zaragoza@procuradores.net Telefonos de contacto, 976 29 91 52 ,fax 976 29 36 98
     
- aviso legal -
Utilizamos cookies para asegurarnos de obtener su mejor experiencia en nuestra web. Consulte nuestro aviso legal para más información. Aceptar